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Leche Materna

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¿Por qué la leche materna es mejor?
La leche humana es el mejor alimento que puede recibir un niño ya que ha sido específicamente diseñada para satisfacer las necesidades de su especie. Lo que la hace inmejorable es el hecho de que satisface los aspectos “Alimento-Vínculo-Estimulación-Inmunidad”; todas las necesidades impostergables del recién nacido. Necesidades que ningún alimento sustituto ha logrado satisfacer en forma tan completa como la leche materna.La leche humana es el alimento ideal para el niño en el primer año de vida, porque:Es un alimento completo y provee todos los nutrientes que el lactante necesita en los primeros meses de vida.Su contenido en nutrientes es el adecuado para la inmadurez de la función renal e intestinal, para el crecimiento y maduración de su cerebro y como materia prima para las transformaciones que su cuerpo va sufriendo a lo largo del primer año de vida.Sus componentes se encuentran en una proporción tal que ninguno de ellos interfiere con la absorción de otro.El aporte de sustancias anti-infecciosas llamadas inmunoglobulinas, es el complemento ideal para las deficiencias inmunológicas del bebé en los primeros meses.La forma química en que se encuentran el hierro y el zinc, es la forma óptima para su mejor aprovechamiento.La leche materna aporta un tipo especial de carbohidrato, que es necesario para la formación de una flora intestinal protectora que inhibe el desarrollo de gérmenes y parásitos dañinos.

El contacto físico con la madre contribuye a fortalecer el vínculo psico-afectivo.

Las madres que amamantan generalmente tienen períodos de infertilidad más largos después del nacimiento que las que no lactan.

El amamantamiento inmediatamente después del parto estimula la contracción del útero para que vuelva a su tamaño original en forma más rápida.

Representa la forma más natural de recuperar el peso luego del embarazo, ya que la grasa acumulada se consume para permitir la formación de leche.

La leche de madre está disponible en todo momento y en todo lugar, a la temperatura justa y en perfecto estado de higiene.

Los niños no amamantados presentan más riesgos de adquirir una gran diversidad de enfermedades como: diarrea, eczemas, cólicos, infección respiratoria aguda, otitis media aguda, bacteriemia y algunos tipos de meningitis entre otras.

Diversos estudios han demostrado un efecto protector de la leche materna contra enfermedades que aparecen más tarde en la vida, como: asma, diabetes tipo I y enfermedades autoinmunes.

A la madre le reporta los beneficios de: disminuir el riesgo de padecer cáncer de mama, aumentar su autoestima y fortalecer el vínculo madre-hijo al promover el contacto piel a piel.

Presenta ventajas económicas, ya que amamantar es mucho más barato que alimentar al niño con sustitutos de la leche materna. El costo del alimento extra que necesita la madre para producir leche es insignificante en comparación con el costo de las fórmulas lácteas y la energía consumida para calentar agua, esterilizar biberones, etc.

A la sociedad y el Estado le representa un importante ahorro en salud ya que previene la aparición de numerosas enfermedades que requieren hospitalización y representan un importante gasto para la comunidad.

Además, los lactantes que se alimentan con leche de vaca se encuentran más expuestos a:

A las deshidrataciones, ya que necesitan utilizar más agua de su cuerpo para formar la orina que los que toman leche materna.

A presentar bajos niveles de calcio ya que el exceso de fósforo de la leche de vaca dificulta la absorción de calcio.

A las diarreas, ya que el tipo de flora intestinal que se forma cuando se alimentan con leche de vaca, no los protege tanto como la flora que se forma con la leche materna.

A padecer anemia, ya que el hierro de la leche de vaca no se absorve tan eficientemente como el de la leche materna. Además la leche de vaca produce microhemorragias intestinales en los lactantes que también pueden favorecer la aparición de anemia.

A la dermatitis amoniacal, ya que el exceso de proteínas de la leche de vaca que es eliminado por orina en forma de amoníaco puede producir dermatitis en la zona genital.

Lo cultural y social generan cambios permanentes en los seres humanos lo que hace que la lactancia materna no sea un comportamiento predominantemente instintivo en el hombre. Por eso es posible y muy importante, estimular, ayudar y enseñar a la madre a amamantar mejor, desde los primeros meses del embarazo para que tanto ella como el niño puedan gozar del beneficio del amamantamiento.

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Duérmete, niño

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Boca arriba, boca abajo, de costado, muy arropado, con pocas mantas, el dilema acerca de cómo colocar al bebé para que duerma seguro, acosó a las madres a través de la historia. Durante mucho tiempo, los médicos advirtieron que bajo ninguna circunstancia debía ubicárselo boca arriba; este y otros consejos cambiaron.Cómo debe dormir el bebe

Las últimas recomendaciones de la Sociedad Argentina de Pediatría son claras: los bebés deben dormir boca arriba, con los pies tocando el borde de la cuna para que no se desplacen y con los brazos por fuera de la sábana para que no se enrosquen en ella.

¿Por qué tanta preocupación en torno de la posición en la que duermen los niños? El ambiente en el que duerme el bebé, su postura al acostarse y el lugar que ocupa en relación con sus padres cumplen un rol indiscutible para disminuir los riesgos de incidencia del síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL), responden los expertos.

Se llama SMSL al trastorno que originó el fallecimiento de un niño menor de un año cuando, luego de una minuciosa investigación que incluye una autopsia completa, el examen de la escena de la muerte y la revisión de la historia clínica del niño, la muerte no tiene explicación.

Según las últimas investigaciones, una importante forma de prevenir esta situación es controlar cómo y con quién se acuesta a un bebé.

Los especialistas quedaron perplejos y asombrados al observar que una práctica en el cuidado de los bebés, como ponerlos a dormir boca arriba, y no una intervención quirúrgica, farmacológica o biológica podía producir una drástica disminución en los índices del SMSL.

Este trastorno se da con mayor frecuencia entre los dos y los cuatro meses de edad, y los estudios demostraron que la práctica que impone la soledad de los bebés para dormir, que tiene poco más de un siglo de vigencia, se tiene en cuenta en muy pocos países y aumenta el riesgo de fallecimientos.

En la misma habitación

Diversos estudios de la Universidad de Illinois, Estados Unidos, descubrieron una conexión neuronal que se activa en momentos en que los niveles de oxigeno descienden (es decir, se produce hipoxia). Esto desencadena una reacción de respiración incrementada.

Los hallazgos, basados en animales, condujeron a los científicos a postular que muchos recién nacidos no tienen suficientes neuronas como para responder a la hipoxia. Tal déficit de respuesta, afirman, podría ser un factor causante del SMSL, que cada año produce la muerte de varios miles de bebés en los Estados Unidos.

Podría suceder que los bebés con tendencia a sufrir este trastorno no tengan el mismo nivel de reacción que los recién nacidos típicos, o que sufran de un retraso en la maduración.

De allí la controversia en torno del sueño infantil. Para la gran mayoría de la población contemporánea, es más natural y frecuente que la madre duerma a una distancia que le permita tocar y darle de mamar a su bebé durante la noche.

Si bien todos parecen coincidir en que es mejor para el bebé dormir cerca de sus padres, las opiniones se dividen a la hora de determinar qué tan cerca es lo indicado. El tema del colecho es particularmente discutido.

El colecho

Se define como colecho a la situación en la que el niño duerme en la misma cama que su madre o con otros miembros de la familia, todas las noches, durante por lo menos cuatro horas. Hay quienes lo consideran como posible factor de prevención del SMSL y quienes, por el contrario, suponen que es contraproducente.

El contacto cercano durante el sueño entre el bebé y sus padres tiene, para algunos pediatras, enormes beneficios que incluyen: despertares sincronizados entre ambos, una mayor estabilidad cardíaco-respiratoria y en la oxigenación de los niños, menores episodios de llanto y mejor termorregulación, aumento de la prevalencia y duración de la lactancia, así como incremento de la leche materna.

Si se tiene en cuenta que la leche materna posee contenidos calóricos y proteicos relativamente bajos y que, en consecuencia, el bebé necesita alimentarse a libre demanda durante la noche y el día, no tanto con mamadas prolongadas sino con mamadas repetidas, el contacto nocturno íntimo entre ambos sería ideal para esta práctica.

Una costumbre discutida

El principal defensor del colecho como factor de prevención del SMSL es el antropólogo James MacKenna, de la Universidad de Notre Dame, Indiana, Estados Unidos, que publicó dos estudios en 1997, en Pediatrics sobre el tema. MacKenna comprobó que los bebés que tienen colecho con su madre duplican el número de veces en que se amamantan durante la noche, en relación con aquellos que no lo hacen. Así, el tiempo total de la lactancia nocturna aumenta en un 40 por ciento.

Pero la oposición que encuentran los argumentos de MacKenna dentro del mundo científico no es poca. “John Kattwinkel, experimentado neonatólogo perteneciente al grupo de Trabajo de la Academia Americana de Pediatría que normatiza la posición del lactante para dormir y estudia la relación entre el colecho y el SMSL, opina que no hay ninguna investigación que demuestre fehacientemente que el colecho disminuye los riesgos SMSL sino que, más aún, en ciertas circunstancias puede ser un factor de riesgo”, insiste Jenik. Y cita estudios realizados en Nueva Zelanda e Inglaterra que demuestran que el colecho aumenta el riesgo del SMSL en forma significativa en las madres fumadoras.

Otro trabajo es el de La Comisión de Seguridad de Productos al Consumidor de los Estados Unidos, que intentó analizar, retrospectivamente, durante 8 años, las muertes de niños mientras se encontraban en la cama de los adultos.

Los resultados mostraron 515 niños fallecidos hasta la edad de 2 años, de los cuales 181 fallecieron sofocados por aplastamiento mientras compartían la cama con sus padres, hermanos u otra persona. El resto de las muertes correspondió a sofocación o estrangulamiento relacionados con diferentes situaciones de entrampamiento de la cabeza del bebé entre el colchón y la pared, entre el colchón y ambos respaldos de la cama, y entre los barrotes que se utilizan para evitar una posible caída del infante de la cama.

“El investigador Peter Blair y sus colaboradores publicaron un estudio hecho sobre 325 casos de SMSL y 1300 controles. Los resultados indicaron que los niños que comparten un sofá con un adulto durante el sueño tienen un riesgo muy elevado del SMSL. En cambio, existe menor riesgo cuando el espacio compartido es el cuarto.”

Del análisis de todos esos casos se desprendió que el riesgo de colecho en los niños menores de 14 semanas se relaciona con el extremo cansancio de los padres, el reciente consumo de alcohol y las condiciones de hacinamiento. “A menos que la madre fume, la práctica del colecho no incrementa la incidencia del SMSL -afirma el especialista-. De hecho, y paradójicamente, en los países asiáticos, donde el colecho está incorporado culturalmente desde hace siglos, hay una baja incidencia del SMSL. Así que el colecho no es lo que constituye una práctica riesgosa en sí misma, sino las particulares circunstancias en las que se desarrolla, y que pueden convertirlo tanto en una experiencia biopsíquica enriquecedora para el binomio madre-bebé como en un drama por la muerte accidental del hijo.”

Recomendaciones

Para disminuir el riesgo de SMSL, hay recomendaciones fáciles de poner en práctica:

Lo más seguro es que el bebé duerma en una cuna ubicada junto a la cama de sus padres, boca arriba, sobre un colchón firme, sin juguetes ni almohadas o ropa a su alrededor.

Los padres que quieran practicar el colecho deberían tener en cuenta que no tienen que hacerlo si la madre fuma o está fatigada, no acostar al bebé sobre una superficie blanda como, por ejemplo, una almohada, un colchón de agua, colchas mullidas, piel de cordero, etc.; evitar el colecho en un sofá, con hermanos, hermanas u otros familiares a excepción de la madre. No hacerlo si alguno de los padres bebe alcohol, es drogadicto o tiene depresión.

Y para aquellas madres que se sientan inquietas acerca de la seguridad de que el niño duerma boca arriba, el doctor Jenik asegura que la aspiración de contenido gástrico no constituye un problema en los bebés que descansan en esa posición, si están sanos.

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